24.1.08

Perú y Avenida


"...Por la puerta de Avenida de Mayo ewntraba y se iba la gente de siempre. López aprovechó una meditación probablemente etnográfica de su interlocutor para mirar en detalle. Casi todas las mesas estaban ocupadas pero sólo en unas pocas imperaba el aire de los presumibles viajeros. Un grupo de chicas salía con la habitual confusión, tropezones, risas y miradas a los posibles censores o admiradores. Entró una señora armada de varios niños, que se encaminó al salóncito de manteles tranquilizadores donde otras señorasy parejas apacibles consumían refrescos, masas, o a lo sumo algún cívico. Entró un muchacho (pero ese sí, ese sí) con una chica muy mona (pero ojalá que sí) y se sentaron cerca. Estaban nerviosos, se miraban con una falsa naturalidad que las manos, enredadas en carteras y en cigarrillos, desmentían por su cuenta. Afuera la Avenida de Mayo insistía en el desorden de siempre. Voceban la quinta edición, un altoparlante encarecía alguna cosa. Había la luz rabiosa de verano a las cinco y medi (hora falsa, como tantas otras adelantadas o retrasadas) y una mezcla de olor a nafta, a aslfato caliente, a agua de Colonia y aserrín mojado. López se extrañó de que en algún momento la Lotería Turística se le hubiera antojado irrazonable. Sólo una larga costumbre porteña -por no decir más, por no ponerse metafísico- podía aceptar como razonable el espectáculo que lo rodeaba y lo incluía. La más caótica imágen del caos no resistía la presencia de ese entrevero a treinta y tre sgrados a la sombre, esas direcciones, marchas y contramarchas, sombreros portafolios, vigilantes y Razón quinta, colectivos y cerveza, todo metido en cada fracción de tiempo y cambiando vertiginosamente a la fracción siguiente. Ahora la mujer de pollera roja y el hombre de saco a cuadros se cruzaban a dos baldosas de distancia en el momento en que el doctor Restelli se llevaba a la boca el medio litro, y la chica lindísima (seguro que era) sacaba un lápiz de rouge. Ahora los dos transeúntes se daban la espalda, el vaso bajaba lentamente, y el lápiz escribía la curva palabra de siempre. A quién, a quién le podía parecer rara la Lotrería."

Los premios, Julio Cortázar, 1960


...y el London, que como cualquer café es Buenos Aires, y como Buenos Ares, tan igual, tan distinto...

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